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INTERNET, TECNOLOGÍA E INDIVIDUO: UNA VISION INTEGRADORA
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por Antonio Montesinos (a.monte@jet.es)
Publicado originalmente en Alejandría
(http://www.web.sitio.net/faq)
El autor permite el uso de este documento siempre que sea
sin fines comerciales, sin modificaciones, citando la fuente
y mientras se mantengan siempre estos derechos.
Tomando sólo una de las magníficas propiedades de las redes
digitales se podría justificar una revolución en el mundo de
las comunicaciones. Por ejemplo, el simple hecho de la
duplicación de documentos sin pérdida, nunca antes
conseguida y hoy posible gracias a los ordenadores, bastaría
para justificar un hito en este campo. Otro ejemplo: la
transmisión de documentos a grandes distancias sin pérdidas
en el camino. Poder generar cualquier tipo de información en
un rincón del planeta y transmitirlo a grandes distancias
sin deterioro eleva mucho el listón de las condiciones
cualitativas de manejo de la información. Podríamos
continuar con la posibilidad de las computadoras de ser
programadas y con ello de adaptarse sin fisuras a otros
dispositivos digitales. Y sobre todo, como algo único e
importante en la historia de los medios de comunicación de
masas, la posibilidad generalizada, económica y real de que
cada usuario sea emisor y receptor de información,
librándonos de una vez por todas de la dictadura de los medios tradicionales, donde uno difunde y muchos reciben
pasivamente.
La información nunca jamás se encontró tan mimada como en
nuestros días. Estas que hemos citado y otras
características más, junto a sus consecuencias, conforman
una de las señas de identidad más interesantes de nuestro
tiempo.
Pero no seríamos del todo realistas si no viéramos la otra
cara de la moneda. Contemplar sólo las (innegables) ventajas
de este asunto sería tener una visión parcelada de la
realidad. Haciendo un esfuerzo de concepción global se
pueden encontrar las carencias e ideas preconcebidas y/o
falseadas que se están generando ante la información y sus
modernos soportes y tendencias.
1.- Internet es una red global.
Es peligroso el término global. Tendemos a totalizar sólo lo
que conocemos y a definir como conjunto sólo lo que entra
dentro de nuestros dominios. Quizás sería más correcto decir
que Internet es una red *potencialmente* global. Con un
simple vistazo al mapa del mundo de "backbones" (líneas
troncales) de Internet se puede observar que el grueso de la
infraestructura de la red mundial se centra principalmente
en Estados Unidos y Europa, donde la maraña de líneas es
impresionante. El resto del planeta está salpicado por
cables que salen tímidamente de estos dos núcleos y llegan
casi aisladamente hasta aquellos rincones alejados de la
sociedad occidental. Conocido es ya el hecho de que en
Manhattan hay más líneas de teléfono que en toda el Africa
subsahariana.
Es cierto que Internet crece día a día y que cada vez son
más los usuarios y territorios cubiertos, pero Internet, en
conjunto, es un producto totalmente occidentalizado y
marcado, cada vez más, por las tendencias, costumbres y modo
de ver la vida de esta parte del mundo, más especialmente
por las directrices mercantiles norteamericanas (en Estados
Unidos están casi la mitad de los internautas del planeta).
Una red verdaderamente global sería aquella que reflejase,
si no por igual al menos de manera mucho más equilibrada de
lo que lo hace hoy, la realidad del mundo tal como es, con
toda su variedad de gentes, idiomas, culturas y formas de
entender la vida. Y eso no es precisamente lo que se ve, por
lo general, en una red que habla en inglés y que, cada vez
más, empieza a depender de la filosofía del compra-venta.
Eso sin contar que casi tres cuartas partes de la población
mundial no tienen acceso a una línea de teléfono.
Así, la globalidad de la que se hace gala cuando se habla de
Internet no deja de ser, todavía, más que un deseo
inconsciente, una extensión injusta al resto del orbe de lo
que disfrutamos sólo unos pocos. Eso sí, es cierto que esa
globalidad es potencial y que quizás en un futuro sea
posible conectar el planeta entero, pero cuando eso ocurra
será porque el mundo occidental disfrute de los beneficios
de un nuevo adelanto por el que llore el resto de la
población. La pescadilla siempre morderá su cola.
2.- La posibilidad de trabajo en equipo facilita la
disponibilidad de recursos gratuitos.
La colaboración a través de las redes telemáticas ha
generado grandes proyectos que se ven magnificados aún más
si se tiene en cuenta que la mayoría de ellos son motivados
por fines altruistas. El caso de Linux sería el pico de un
gran iceberg que esconde bajo las aguas una inmensa masa de
gente que trabaja por amor al arte produciendo información y
recursos que repercuten en bien de la propia red.
Pero hay que entender correctamente lo que se dice cuando se
habla de gratuidad. Mirando objetivamente la balanza de
gastos/ingresos personal, no sólo económica, sino de
esfuerzo y otros factores, nos damos cuenta que gran parte
de los beneficios de ese trabajo de colaboración van a manos
de terceras partes. Entiéndanse por ellas las grandes
compañías de teléfono.
Sí se paga por trabajar gratis, sí se paga por comunicarse
con el resto del mundo, sí se paga por descargar
información. Lo penoso del asunto es que no se paga a los
autores (demasiado hacen ya con crearla gratuita), sino a
las multinacionales de la comunicación que imponen unas
tarifas de acceso a Internet que no justifican para nada el
uso o desgaste que se hace de sus infraestructuras.
Nos engañamos cuando decimos eso de "hemos bajado gratis
esta información de Internet". En España, a la hora de
escribir estas líneas, se paga a la empresa Telefónica, que
ha gozado del privilegio del monopolio, unas 315 pesetas la
hora de conexión por un servicio de acceso bastante
deficiente llamado Infovía Plus. El peaje que actualmente se
paga por hacer uso de las autopistas de la información es
excesivamente elevado en la gran mayoría de los países
conectados. Ese es realmente el "precio" de la gratuidad en
Internet, un precio que va engrosando cada día más las arcas
de las grandes multinacionales de la comunicación que son,
precisamente, las que más daño pueden hacer a Internet en un
futuro teniendo en cuenta el control que de hecho ya ejercen
sobre las grandes líneas troncales de interconexión.
3.- Internet es fuente de pornografía e información
delictiva.
Y de cultura, y del saber más variopinto, y de los sentires
y formas de pensar de gentes de las más distintas
condiciones sociales, conformando un crisol que refleja de
la manera más colorista, real y sincera la condición humana.
La presencia de este tipo de información en la red viene a
corroborar, una vez más, que la tecnología es reflejo y
producto de la vida. Nuestros inventos nos definen y en este
caso estamos hablando de una de nuestras creaciones más
sinceras. Intentar poner límites a los contenidos de
Internet sería como intentar falsear la realidad.
Es cierto que algunos contenidos podrían ser perjudiciales
para la educación de los más pequeños y en los padres recae
la responsabilidad del control sobre estos, pero jamás sería
justo limitar los contenidos de la red según los intereses
de entidades censoras. El mejor control que se puede ejercer
sobre Internet es el ejercicio de la libertad individual en
el ámbito del respeto y la búsqueda de los valores que
fomenten nuestro desarrollo como personas cada vez más
íntegras, tanto a escala individual como colectiva y, por
extensión, la denuncia de aquellas actividades que vayan en
contra de esto.
La variedad de contenidos en Internet nos permite conocer y
disponer de los suficientes elementos de juicio para
enfrentarnos a la realidad de manera crítica. En el
ejercicio de ese espítiru crítico está gran parte del futuro
de la red, pero para poder ejercerlo correctamente es
necesario que nada sea ocultado ni falseado.
4.- Internet es el futuro y cambiará drásticamente nuestra
forma de enfrentarnos al mundo.
Los extremismos nunca han sido aconsejables, y en el campo
de la tecnología tampoco nos libramos de las visiones
distorsionadas y previsiones megalómanas. De todos es
conocido el discurso de los ciber-utópicos que pregonan un
mundo lleno de cambios que afectarán de manera muy directa,
incluso preocupante, a nuestras vidas.
La sed de sensacionalismo de los medios de comunicación
tradicionales y el esnobismo de muchos de sus voceros no
dejan de proclamar la próxima desaparición del libro, el
dominio de las computadoras sobre la raza humana, el paraíso
de la sociedad tecnificada, los ciber-adictos, la
integración física hombre-máquina como solución a muchos de
nuestros problemas...
Entre los defensores a ultranza de lo tecnológico y sus
acérrimos detractores se está creando una imagen de caos del
presente que para nada se ciñe a lo que nos espera. Internet
y las tecnologías directamente relacionadas con ella no son
más que una parte de nuestro complejo cúmulo de
interacciones con el mundo. Si dejamos que lo tecnológico
influya en otros ámbitos de nuestro vivir cotidiano tomando
el papel de lo que realmente corresponde a cada cosa le
estaremos asignando un valor falso. La tecnología no es tan
mala como muchos la pintan ni tan beneficiosa como otros nos
la quieren hacer ver. Sólo una justa ponderación del valor
real de todo lo que nos rodea será capaz de colocar a la
tecnología en el sitio que le corresponde con relación a
nosotros mismos.
Quizás la solución pase no por alabarla sin medida ni
renegar de ella, sino aprovecharnos de las ventajas que
ofrece para hacernos con esa visión de conjunto e
integradora que tan necesaria se hace para tener una
concepción objetiva de la realidad.
5.- El auge de la tecnología crea ciber-analfabetos.
Los que
no sepan manejar un ordenador tendrán grandes problemas en
el futuro para integrarse en la sociedad.
Es totalmente indignante aplicar un calificativo tan
despectivo a quienes por propia naturaleza no integran lo
tecnológico a su forma de entender la vida.
Es cierto que para enfrentarse con éxito a la tecnología hay
que contar con una aptitud personal de apertura hacia lo
tecnológico y con una mente preparada a encararla. Aptitud
que en la mayoría de los casos es inherente a la persona y
al igual que existen individuos predispuestos a ello de
manera natural, existen otras personas a las que la
naturaleza ha dotado de otra serie de particularidades que
no compatibilizan con lo tecnológico, pero que sin embargo
están abiertas a otros campos de la vida totalmente
distintos, válidos y apasionantes como el arte, la creación
y todo aquello que se aparta de la mecanicidad, cuadratura y
el paisaje de líneas rectas que ofrece la tecnología.
El culto que la sociedad rinde a lo tecnológico no sólo
roza, sino que entra de lleno en la exclusión. Los grandes
medios de comunicación están creando una imagen del mundo
tendenciosa e influenciada intensamente por esa mentalidad
tecnológica que excluye de manera grosera todo aquello que
rompe con la linealidad y frialdad de su mundo. Hacerse con
una concepción de la realidad más global integrando las
artes, el manejo de los conceptos abstractos, el estudio de
la persona, sus comportamientos, interacciones, mundo
interior y todo aquello que conforma ese vasto mundo de
experiencias personales es la única posible alternativa de
futuro viable para evolucionar como individuos y especie.
Caer una vez más en la tentación de excluir una visión del
mundo por la otra nos llevará de nuevo a situaciones
desequilibradas de desorden. La solución no pasa por la
exclusión, sino por todo lo contrario: la correcta
integración de la visión mecánica de la vida con la
contemplación de nuestro mundo interior, el cual sería
absurdo negar, y las relaciones e interacciones entre uno y
otro.
La tecnología está ahí, como una manifestación más de
nosotros mismos, de nuestros anhelos y deseos más profundos
y debemos servirnos de ella para comprendernos mejor y
conocer la relación que tenemos con lo que nos rodea.
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